Perdonaste la maldad de mi pecado
Pedro era un pescador. Él y su hermano Andrés fueron los dos primeros discípulos que Jesús eligió. Su nombre era Simón, pero Jesús lo cambió por Cefas, que significa roca en arameo. Pedro fue el primero en anunciar a los no judíos las buenas nuevas de Jesús. Pedro escribió las epístolas del Nuevo Testamento de Primera y Segunda de Pedro. Y también fue Pedro quien negó tres veces a su Maestro y amigo, Jesús.

Antes de morir, Jesús celebró la Pascua con sus discípulos. Esta sería la última cena de Jesús con sus amigos más cercanos. Luego fueron al monte de los Olivos; les dijo que se prepararan para el tiempo de pruebas:
"Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas."
-Mateo 26:31
Pedro amaba a Jesús y le aseguró que él no huiría ni lo abandonaría. Sin embargo, tal como Jesús lo afirmó, Pedro, antes del amanecer, antes de que el gallo cantara por segunda vez, habría negado conocer a Jesús en tres ocasiones.
"Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba."
-Marcos 14:72
Dios lo conoce todo; conoce nuestras faltas incluso antes de que nosotros podamos siquiera pensarlas. Y para quienes hemos recibido la bendición de la restauración por medio del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, reconocemos que es el Espíritu de Dios quien nos redarguye y nos lleva al arrepentimiento. Nos conduce a los pies de Cristo en busca de perdón, con la seguridad de que Su amor no ha disminuido, que el propósito y la obra que Él ha iniciado en cada uno de nosotros no se han detenido.
La comunión continua con nuestro Creador da como resultado que, en cada falta, sea Él mismo quien nos lleve al arrepentimiento y a la renovación. Nuestra conciencia espiritual nos confronte y nos permita ver que hemos pecado contra nuestro Salvador y Rey; la culpa nos haga llorar como Pedro y, arrepentidos, vayamos en búsqueda de restauración.
La comunión continua con nuestro Creador da como resultado que, en cada falta, sea Él mismo quien nos lleve al arrepentimiento y a la renovación. Nuestra conciencia espiritual nos confronte y nos permita ver que hemos pecado contra nuestro Salvador y Rey; la culpa nos haga llorar como Pedro y, arrepentidos, vayamos en búsqueda de restauración.
El Salmo 32:5 finaliza con la palabra “Selah”, cuyo significado, según los diccionarios bíblicos, se refiere a una interrupción musical, una pausa o una llamada a la reflexión profunda.
En esta mañana hagamos una pausa, una reflexión profunda en aquellas faltas que continuamente nos llevan a pecar contra Dios, descansando en que en Cristo siempre hallaremos perdón y nuevas oportunidades.
En esta mañana hagamos una pausa, una reflexión profunda en aquellas faltas que continuamente nos llevan a pecar contra Dios, descansando en que en Cristo siempre hallaremos perdón y nuevas oportunidades.
“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah.”
-Salmo 32:5

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2 Comments
Preciosa exposición de Amor de Jesucristo para nosotros. Bendiciones y gracias por compartir.
Amen