Buscadme y viviréis
“Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis."
-Amós 5:4

Hace unos días estaba ayudando con la limpieza en casa. Como casi siempre, me fui
al patio trasero, puse música y comencé a trabajar. Mientras barría y acomodaba
algunas cosas, comenzó a sonar “Buscadme y Viviréis” de Marcos Vidal.
Debo admitir que es una de mis canciones favoritas. Tal vez tú también la has
escuchado y la has cantado con fuerza. Pero ese día no solo la canté… la escuché.
al patio trasero, puse música y comencé a trabajar. Mientras barría y acomodaba
algunas cosas, comenzó a sonar “Buscadme y Viviréis” de Marcos Vidal.
Debo admitir que es una de mis canciones favoritas. Tal vez tú también la has
escuchado y la has cantado con fuerza. Pero ese día no solo la canté… la escuché.
Cuando llegó esta estrofa, algo se detuvo dentro de mí:
“Necios como niños,
Torpes cachorrillos,
Cómo nos gusta jugar
Y nos gusta preguntar
Aquello que hace tiempo sabemos ya…”
“Necios como niños,
Torpes cachorrillos,
Cómo nos gusta jugar
Y nos gusta preguntar
Aquello que hace tiempo sabemos ya…”
No pude evitar pensar: así somos muchas veces con Dios. Le hacemos preguntas cuyas respuestas ya conocemos. Pedimos dirección cuando sabemos que debemos obedecer. Rogamos por avivamiento, pero evitamos el arrepentimiento. Nos gusta preguntar, pero no siempre escuchar...
Y sin embargo, la canción continúa con una verdad que nos llena de esperanza:
“Dios aún sigue hablando,
Sigue aún contestando,
Y aquel que quiere oír
Aún puede percibir su voz de amor.”
“Dios aún sigue hablando,
Sigue aún contestando,
Y aquel que quiere oír
Aún puede percibir su voz de amor.”
¡Qué impresionante verdad! Dios no está en silencio. No ha dejado de hablar. No se ha olvidado de nosotros. El problema no es Su voz, es nuestra atención.
En el libro de Job, después de tantos cuestionamientos humanos, Dios responde con
autoridad:
En el libro de Job, después de tantos cuestionamientos humanos, Dios responde con
autoridad:
“Ahora cíñete como un varón valiente; yo hablaré, y tú me contestarás.”
-Job 38:3
Es como si el Señor nos dijera hoy: “Detente. Deja la distracción. Escucha con madurez.”
No es un llamado a la condenación, sino a la responsabilidad espiritual. Y entonces surge esa pregunta que confronta profundamente:
“¿Cómo puedo derramar yo de mi Espíritu
Si mis hijos no se vuelven hacia mí?”
Dios desea derramar Su Espíritu, restaurar hogares, avivar corazones y guiarnos con claridad. Pero el derramamiento comienza cuando hay un corazón que se vuelve sinceramente hacia Él.
“¿Cómo puedo derramar yo de mi Espíritu
Si mis hijos no se vuelven hacia mí?”
Dios desea derramar Su Espíritu, restaurar hogares, avivar corazones y guiarnos con claridad. Pero el derramamiento comienza cuando hay un corazón que se vuelve sinceramente hacia Él.
Amós lo resumió en una frase sencilla pero poderosa: “Buscadme, y viviréis.”
No dice: “Entretenme.”
No dice: “Emociónate un momento.”
No dice: “Pregúntame más.”
Dice: “Buscadme.”
Buscar implica intención. Implica apartar tiempo. Implica silenciar el ruido. Implica obedecer lo que ya sabemos que debemos hacer.
Hoy la pregunta no es si Dios está hablando, la pregunta es: ¿estoy dispuesto a escuchar y a obedecer?
Porque Su voz aún resuena. Su amor aún llama. Su Espíritu aún quiere derramarse.
Y la promesa sigue vigente: Si le buscamos, viviremos.
Dios, permíteme tener un corazón dispuesto a escucharte. Amén.
No dice: “Entretenme.”
No dice: “Emociónate un momento.”
No dice: “Pregúntame más.”
Dice: “Buscadme.”
Buscar implica intención. Implica apartar tiempo. Implica silenciar el ruido. Implica obedecer lo que ya sabemos que debemos hacer.
Hoy la pregunta no es si Dios está hablando, la pregunta es: ¿estoy dispuesto a escuchar y a obedecer?
Porque Su voz aún resuena. Su amor aún llama. Su Espíritu aún quiere derramarse.
Y la promesa sigue vigente: Si le buscamos, viviremos.
Dios, permíteme tener un corazón dispuesto a escucharte. Amén.


No Comments