Ciudad sin defensas
La ciudad de Esparta fue una ciudad-estado de la antigua Grecia que se distinguió por su disciplina militar y porque no tenía muros de defensa a su alrededor, a diferencia de la mayoría de las urbes de su época. Los espartanos, guerreros legendarios, lejos de preocuparse porque su ciudad careciera de murallas, se enorgullecían pensando que ellos mismos eran la propia defensa de su hogar. Como es de esperarse, si bien lograron defenderse sin muros durante un tiempo, la élite guerrera se fue extinguiendo hasta que fueron derrotados por completo.

Esta pequeña ilustración me hizo pensar en lo que dice Proverbios 25:28 (NVI):
“Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse”.
Esto mismo me ocurre a mí, y probablemente a ti, en algunas ocasiones.
Hablamos, juzgamos, pensamos y actuamos sin filtro alguno, hiriendo muchas veces a otras personas; en otras, esa falta de dominio nos mete en los más diversos problemas y, lo que es peor, nos lleva con frecuencia a pecar contra nuestro Señor.
Dios nos ha advertido en su Palabra, una y otra vez, sobre la necesidad de tener dominio propio. En 2 Timoteo 1:7, Pablo nos dice que el dominio propio es un regalo divino. En Gálatas 5:22-23 se menciona como parte del fruto del Espíritu. Pedro lo incluye en la lista de virtudes cristianas que debemos agregar a la fe, y en Proverbios 16:32 se nos enseña que es mejor quien tarda en airarse que aquel que es fuerte.
Sabiendo todo esto, y siendo muchas veces influenciado por el mundo de ahora, donde se privilegia la respuesta fuerte y el hablar sin filtro (ser como una ciudad sin murallas), me pregunto: ¿de dónde vendrá mi ayuda para contenerme? La respuesta está en el poder de su Santo Espíritu. En la carta a los Efesios (3:16-17) se nos dice: “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones”. El Espíritu Santo nos fortalece y nos ayuda a dominar nuestros impulsos.
Recordemos que nuestro llamado es reflejar el carácter de Cristo, y el carácter humano se perfecciona en Su Palabra. Sometámonos a Su ayuda.
Recordemos que nuestro llamado es reflejar el carácter de Cristo, y el carácter humano se perfecciona en Su Palabra. Sometámonos a Su ayuda.

Posted in Devocionales
Posted in Murallas, Ciudad, Fortaleza, Dominio Propio, Orgullo, Juicio, Pecado, Espíritu Santo, Fe, Carácter
Posted in Murallas, Ciudad, Fortaleza, Dominio Propio, Orgullo, Juicio, Pecado, Espíritu Santo, Fe, Carácter

No Comments