Las batallas de un cristiano
Las batallas de un cristiano no son principalmente físicas, sino espirituales. No se libran con armas humanas, sino mediante la fe, la oración y la Palabra de Dios, confiando plenamente en que la victoria pertenece al Señor. Como afirma el apóstol Pablo:
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
-Filipenses 4:13
Esta verdad nos recuerda que la fortaleza del creyente no proviene de sí mismo, sino de su dependencia constante de Cristo.

En el caminar diario enfrentamos tentaciones, dudas, desánimos y oposiciones del enemigo, quien utiliza armas espirituales como el engaño, la mentira, el temor y la acusación para debilitarnos. Sin embargo, Dios pelea por Sus hijos cuando estos confían en Él, obedecen Su Palabra y permanecen firmes en la fe. Así lo declara Josué 1:9: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”. La valentía del cristiano no está en la ausencia de batalla, sino en la certeza de la presencia de Dios en medio de ella.
La guerra espiritual es un conflicto invisible y constante entre el reino de Dios y las fuerzas del mal. La Escritura nos revela esta realidad en Apocalipsis 12:7: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón y sus ángeles”. Este conflicto se manifiesta hoy principalmente en el campo de batalla de la mente del creyente, donde se libran luchas internas de fe, pensamientos, emociones y decisiones.
El enemigo busca robar la fe mediante engaños y mentiras, pero el creyente no está indefenso. Dios ha provisto Su armadura para resistir y permanecer firmes. Efesios 6:11 nos exhorta: “Pónganse toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo”. Además, el cristiano ha recibido la autoridad de Cristo, no para vivir en temor, sino para caminar en victoria.
El enemigo busca robar la fe mediante engaños y mentiras, pero el creyente no está indefenso. Dios ha provisto Su armadura para resistir y permanecer firmes. Efesios 6:11 nos exhorta: “Pónganse toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo”. Además, el cristiano ha recibido la autoridad de Cristo, no para vivir en temor, sino para caminar en victoria.
La batalla no se gana con fuerza humana, sino con la Palabra de Dios, la oración perseverante y la guía constante del Espíritu Santo. Es fundamental comprender que el enemigo es un adversario ya derrotado por la muerte y resurrección de Jesucristo.
Romanos 6:9 declara: “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte ya no se enseñorea más de Él”. Por esta razón, el creyente no lucha para obtener la victoria, sino desde la victoria que Cristo ya conquistó en la cruz.
Romanos 6:9 declara: “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte ya no se enseñorea más de Él”. Por esta razón, el creyente no lucha para obtener la victoria, sino desde la victoria que Cristo ya conquistó en la cruz.
La responsabilidad del cristiano es mantenerse alerta, firme y lleno del Espíritu Santo, sometiéndose a Dios y resistiendo al diablo. Santiago 4:7 lo expresa claramente:
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”.
La sumisión a Dios es la base de toda victoria espiritual; sin ella, la resistencia es inútil.
La inactividad en la oración y la falta de lectura bíblica hacen al creyente vulnerable a los ataques del enemigo. Por ello, la dependencia diaria de Dios es indispensable. Jesús mismo nos enseñó: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Buscar a Dios diariamente no solo fortalece nuestra fe, sino que nos mantiene protegidos y alineados con Su voluntad.
Las batallas de un cristiano son reales, constantes y exigentes, pero nunca se libran en soledad. Dios pelea por Sus hijos, nos fortalece en medio de la prueba y nos guía hacia la victoria, para honra y gloria de Su nombre.
La inactividad en la oración y la falta de lectura bíblica hacen al creyente vulnerable a los ataques del enemigo. Por ello, la dependencia diaria de Dios es indispensable. Jesús mismo nos enseñó: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Buscar a Dios diariamente no solo fortalece nuestra fe, sino que nos mantiene protegidos y alineados con Su voluntad.
Las batallas de un cristiano son reales, constantes y exigentes, pero nunca se libran en soledad. Dios pelea por Sus hijos, nos fortalece en medio de la prueba y nos guía hacia la victoria, para honra y gloria de Su nombre.


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Beautiful!
Me encanto!