¿Quién soy yo?
Confieso que soy aficionado a los documentales sobre animales. Uno de los que más me han impactado se llama “Cuando los lobos desviaron los cauces de los ríos en Yellowstone”.
Los lobos habían desaparecido de ese parque 70 años atrás y, durante ese tiempo, los alces y venados habían aumentado en su población, lo que ocasionó que, al no tener depredadores, se comieran los árboles pequeños, sobre todo cerca de los ríos. Esto erosionó las laderas de los ríos, provocando que se desbordaran; pero al reintroducir a los lobos, comenzaron a atacar a los alces y venados para alimentarse, sobre todo en los lugares donde estaban desprotegidos, a las orillas de las fuentes de agua, lo que a su vez ocasionó que huyeran y que los árboles crecieran y fueran una defensa natural en contra de los ríos, que volvieron a su cauce original.
Los lobos habían desaparecido de ese parque 70 años atrás y, durante ese tiempo, los alces y venados habían aumentado en su población, lo que ocasionó que, al no tener depredadores, se comieran los árboles pequeños, sobre todo cerca de los ríos. Esto erosionó las laderas de los ríos, provocando que se desbordaran; pero al reintroducir a los lobos, comenzaron a atacar a los alces y venados para alimentarse, sobre todo en los lugares donde estaban desprotegidos, a las orillas de las fuentes de agua, lo que a su vez ocasionó que huyeran y que los árboles crecieran y fueran una defensa natural en contra de los ríos, que volvieron a su cauce original.

Ese documental me hace reflexionar en el equilibrio que rige a este planeta, porque esto no solo sucede con los animales, también con las plantas; aún más, con el sol y la luna.
Todo tiene una razón de su existencia, todo fue creado bajo un equilibrio perfecto; reflexión que me hace imposible creer que esto fue obra de un accidente. Por el contrario, confirma mi fe en la existencia de un Dios creador, tal como dice Su Palabra:
Todo tiene una razón de su existencia, todo fue creado bajo un equilibrio perfecto; reflexión que me hace imposible creer que esto fue obra de un accidente. Por el contrario, confirma mi fe en la existencia de un Dios creador, tal como dice Su Palabra:
“De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan, porque Él la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos”
-Salmos 24:1-2
Pero, sobre todo, conforta mi alma al saber que ese Dios creador se acordó de mí, un gran pecador, tuvo de mí misericordia, decidió mandar a Su Hijo a morir para salvarme y prometió estar conmigo todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).
Esta reflexión me hace comprender al rey David cuando, al estar viendo la creación, escribió el Salmo 8 y asentó:
“Cuando veo los cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?”
-Salmos 8:3-4
Mi hermano, el anhelo de mi corazón es que, al leer esta pequeña reflexión, alces los ojos al cielo y que tu mente y tu corazón alaben a nuestro Dios como hizo el rey David, diciendo:
"¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!"
-Salmo 8:1
Dios te bendiga.


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